Atlanta 0 – Ferro 1
En contra de aquella frase que se popularizó de El Alquimista, el libro de Coelho que en los noventa fue furor y que hoy se puede ver como sentencia en tazas, almohadones y calcomanías de ferias hippies, el universo conspiró de varias maneras para que no pudiera presenciar el partido entre Atlanta y Ferro.
En primera instancia, este fin de semana lo tenía reservado para Turistas En Buenos Aires, un proyecto que tenemos con el Cuarteto Cultural (amigos con los que escribíamos por acá) de vivir un fin de semana como turistas en CABA, alojándonos en algún hostel y visitando lugares históricos, quizás subir al Obelisco, al bus turístico, y demás, pero que se vio suspendido porque a uno se le dio por laburar. Así están las cosas, país. Ya se nos dará. Como el ascenso.
El segundo contratiempo vino de la mano de la finalización del horario veraniego que hizo que programaran el cotejo el sábado al mediodía, luego de una seguidillas de lunes por la noche. Lindo horario aunque el clima no acompañó del todo, pero cuando celebré que volvíamos a jugar en un horario digno llegó la tercera (que, en realidad, va da la mano de la segunda ya que si se jugaba el lunes hubiera podido ir).
En Las Rimas, tema del último disco con canciones nuevas de Calamaro (2018, Andrelo. Podrías meter uno nuevo, eh) canta: “No hay camino que no empiece con un beso, pero vas a terminar sintiéndote preso. Preso de los niños y de los cumpleaños. Pensando: ¿quién va a pagar los daños?”. Y esta vez los daños los pagué yo porque cuando todo se había acomodado para que pudiera estar en el gran León Kolbowski, los hijos de la madrina de La Patrona (“el tío del marido de Pampita…”) decidieron, sin estar atentos al fixture del Nacional B (no entiendo cómo viven así), hacerle el cumpleaños de 70 sorpresa a su madre el sábado a la misma hora exacta.
Luego de unos días de debate interno, debido al número redondo y puede que también apoyado por lo largo del torneo por delante, decidí hacerme presente. Dato de color es que la celebración era en (corran la bola) Isidro Casanova, tierra hostil, enemiga, pero de eso hablaremos cuando nos enfrentemos, aunque, debido al formato, solo podría darse en el hipotético caso de que ambos entremos al reducido. Al finalizar esta fecha, ninguno de los dos estaría entrando, porque en el segundo turno, Tristán Suárez ganó en Casanova y se hizo con la punta. Un poco me alegró, para que mentir.
De un tiempo a esta parte, la tecnología no solo quiere matarnos (o quedarse con nuestro trabajo. Ya que estamos, recomiendo La Única Opción, la última de Park Chan-wook. Está en Mubi) sino que nos facilita ciertas cosas. Para eso la hicimos, ¿no? Por lo que ni bien llegado al cumpleaños aceleré la formalidad de los saludos, busqué un sector poco concurrido y puse el partido en el celular. Sin volumen. Con toda esta introducción, a lo que apunto es que no tengo mucho dato del partido. Como es esperable, no pude prestar demasiada atención porque la gente insiste en esto de comunicarse y de cruzarse por delante de un celular apoyado en un termo, un dispositivo que debería marcarles la importancia del evento. Pero, por lo que pude ver, no me perdí demasiado.
Encima, el universo tenía guardada una más: una serie de hechos encadenados para que me perdiera el único gol del partido que se dio en una de las pocas llegadas del mismo. Después vi el resumen en el que conté 3 (tres, TRES) ocasiones de gol, sumando la de los dos (LOS DOS) equipos. Y una fue un centro que se le escapó a Monetti, arquero de Ferro, ni bien arrancado el partido. Un espanto.
Pero, volviendo al momento del gol, me había hecho de un vaso frío de soda -puede que haya quedado un poco castigado de la noche anterior que había presenciado un hermoso show de Nonpa (¡Qué bandón!) en el Konex con cena en El Reducto incluida- y lo dejé apoyado cerca del sifón. Uno, en un movimiento poco hábil, empujó el sifón, que tiró mi celular y mi vaso, que se hizo añicos, a la vez que se cortó la transmisión. Algo me dice que el universo no está para estas nimiedades pero también, en cierto momento, empecé a barajar la idea de que lo único que quería es que no me hiciera mala sangre (¿Truman?) porque una vez que limpiamos los vidrios y volvió la conexión, perdíamos 1-0. Encima, los muchachos de la transmisión no tuvieron la delicadeza de repetir el gol. Y, en lo que restaba del partido, no tuvimos demasiada respuesta. Tampoco es que Ferro nos pasó por encima. Por lo que se viene viendo en la categoría, está para cualquiera.
En nivel de odio al rival en este caso es casi nulo. Podría ser 1/10. Hasta le tengo un poco de cariño a Ferro por las noches en que en mi juventud íbamos con mi familia al Etchart a ver básquet. Además, en mi época de fotógrafo para Sentimiento Bohemio, fue la primera cancha a la que me dejaron entrar cuando hacíamos de local ahí. Y suele tener lindas camisetas.
Esta semana volvemos después de cinco (CINCO) años a la Copa Argentina. Será el miércoles contra Instituto. Esperemos volver a la victoria aunque ya me conformo con no tener un cumpleaños.