Diario de un Bohemio en busca del ascenso – Fecha 1

Atlanta 1 – Quilmes 0

Primera fecha del torneo. Como siempre, arranco con la ilusión del ascenso. La mayoría de las veces, esta se esfuma en las primeras jugadas, pero no terminar perdiendo el primer tiempo me decide a arrancar el diario que empiezo a escribir en el entretiempo, sin show intermedio de un conejo malo explicándonos cómo es América. Aburrirse nos vuelve creativos, no hay que tenerle miedo.

El partido lo veo en mi último día de estadía en San Miguel del Monte con mi viejo -y mi madre dando vueltas pero sin prestar atención-, uno de los pueblos que adopté como segundo hogar. También es el primer partido en la nueva aplicación de AFA. a la que le daré algunas fechas para opinar al respecto. 

Debuta Cristian Pellerano, un canterano del club, como director técnico y un nueve barbudo -como colega de posición que supe ser, siempre aporta a la ilusión contar con uno de calidad- que tiene como gran laurel haberle convertido a Chaca en el torneo pasado, galardón al menos más atractivo que el de contrataciones pasadas en esa posición, como, por ejemplo, Alianello después de hacer el gol que nos condenó al descenso en el 99.

Quintana, El Barbudo, muestra momentos de buen juego que alimentan las expectativas, pero se hace amonestar infantilmente antes de los 15 del primer tiempo para equilibrarlas. Porque esto es Atlanta.

Por momentos, el agua azulada de la laguna montesina que empieza a mostrar indicios del atardecer roba mi atención y me conecta con otros detalles, como que la hinchada de Atlanta estrena canción al ritmo de Campanas en la noche, de Los Tipitos. No pasa mucho más en el primer tiempo.

En la segunda mitad, El Bohemio arranca mejor pero falla en la definición. Hay una tremenda atajada de El Guardametas De Ellos a Fedele tras una gran jugada de La Pelota Siempre Al Diez Bernardi. Después el partido se empantana, se vuelve aburrido y empiezo a replantearme algunas cosas quizás debido a la abulia que transmiten los jugadores: pongo en duda el sabor de la Playadito, la necesidad de este texto, de esta idea, de la escritura en sí. Pero, ¿sin escritura qué somos? También trato de recordar, infructuosamente, sin ayudas digitales -una batalla que suelo librar contra mi memoria, contra la comodidad-, cómo se llama el disco en el que está la canción de Los Tipitos.

De repente, un gol que no fue pero que, confundidos por la perspectiva del fútbol 2D, gritamos, me saca la modorra. Todavía no comprendo la geometría de esa definición (por no decir lo mala) pero la euforia desatada abre una esperanza.

Todo parecía encaminarse a un soso empate y, mientras la nueva transmisión no se dignaba a informarnos el tiempo añadido, un despeje débil le queda a una de las flamantes incorporaciones de nombre genérico, que ya aprenderé en el futuro -espero que por sus buenas actuaciones y no por insultar a un pariente desde mi cómoda platea-, quien, sin egoísmo, habilita a El Barbudo que define al bulto pero con certeza (y un poco de fortuna). 1-0. Fiesta. La ilusión arranca con un mínimo sustento, y que haga un gol el que trajeron para dicha tarea aporta a aferrarse a algo. En los tiempos que corren, la esperanza en la humanidad depende de estas pequeñas cosas..

En los pocos minutos que quedaban, que vivimos bajo la ignorancia de cuántos eran porque a los de la transmisión no les pareció importante, Quilmes no tuvo reacción. Pero Thomas Gray tuvo razón y una vez más la ignorancia fue felicidad con el pitido final. El tiempo es una invención.

Sin un juego vistoso, victoria importante contra un equipo siempre difícil y poco querido, para arrancar el largo camino hacia el objetivo.

Al terminar el partido, a pedido del Pibito, nos fuimos a pescar. En el camino a la búsqueda de carnada, que duró más que El Pibito intentando pescar, finalmente recordé el nombre del disco y, al volver del fallido intento, lo puse y me abrí una birra que, por supuesto, no fue Quilmes.


Nivel de odio al rival:

Quilmes 8/10. Para arrancar quizás es mucho pero no puedo olvidarme el 5-0 que nos condenó al descenso (el mismo día en que el mencionado Alianello hacía el gol condenatorio en Rosario para salvar a un Almagro que un año después llegaría a Primera).

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