Diario de un Bohemio en busca del ascenso – Fecha 2

Colegiales 1 – Atlanta 0

Me metí en una empresa dificilísima. El equipo no parece tener ansias de literatura, de trascendencia. Y contra eso uno no puede luchar.

El sábado anterior al cotejo con Colegiales me hice de una copia de Peperina, de Serú Girán. En Cinema Verité, Charly canta Yo nací para mirar lo que pocos quieren ver. Esto podría significar ser el oráculo, alguien que ve más allá del resto. Sin embargo, otra interpretación podría sugerir algo diferente: el que ve lo que al resto no le interesa (como algunas de las películas de las que suelo hablar por acá). Para este partido, jugado horriblemente por ambos, la segunda acepción parecería la más correcta.

Se podría rescatar que casi no nos llegaron, lo que hablaría de una defensa firme, pero la verdad es que un Colegiales timorato le cedió todo el tiempo el protagonismo a la visita y esperó encontrarse en una contra (o en un tiro desde afuera, lejísimos, casi inexplicable físicamente) con el gol. Atlanta, fiel a su historia, quiso ser partícipe de la efeméride del día (o salir en el especial de Lavecchia de fin de año) y fue juez y parte del golazo de Hanashiro que cumplía cien partidos con el equipo de Munro. Un zurdazo desde tres cuartos de cancha que se colgó en el ángulo izquierdo de Rago, de esos que todos sabemos que si le pega mil veces más no lo vuelve a hacer con la precisión necesaria. Debo admitir que debido a la lejanía de la cámara, o mi escepticismo latente, tardé en comprender que había sido gol pero también cabe destacar que la transmisión, esta vez, se cayó bastante, lo que no ayuda para la certeza periodística.

Las más claras para El Bohemio fueron un penal malogrado en el primer tiempo por Quintana, el barbudo del que hablé bien en el envío pasado, y una de Rodríguez Puch cerca del final que definió débil. No mucho más para mencionar de un partido bastante malo.

Esta vez lo vi solo, en ese horario de domingo que tanto me cuesta, y, al finalizar el partido, para levantar, mientras veía pasar por la plaza de enfrente a hinchas de Vélez con caras de felicidad y pensaba cuántos mundos caben en un mundo, me pedí una hamburguesa y me vi M3GAN 2.0, la segunda de La Muñeca Que Mata (porque Yo nací para mirar lo que pocos quieren ver), esta vez más cercana a Terminator 2 pero, claro, sin lograr ni siquiera rozar el nivel de aquella gema de Cameron.

En un temazo (“Stubborn Love”), The Lumineers —que en breve vuelve a Argentina— canta que lo opuesto al amor es la indiferencia (“The opposite of love is indifference”). En el nivel de odio al rival, podríamos hablar de eso: indiferencia. Le pondré solo unos puntos, por cortarnos el invicto de un partido que llevábamos en este torneo y por el nombre de su estadio (“Libertarios Unidos”, aunque no tiene nada que ver con los actuales) a días de la reforma laboral: 3/10.

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