Atlanta 0 – Patronato 0
La leucoselofobia, más conocida como el miedo a la hoja en blanco o el bloqueo del escritor muchas veces surge de la falta de ideas. Uno de los consejos para superarla es escribir sobre cualquier cosa (por ejemplo, sobre la leucoselofobia cuando se intenta hablar de fútbol, si es eso lo que presenciamos ayer).
Después de cuatro meses tuvimos la chance de volver a la cancha —ya que para el inicio del torneo, cómo conté unos textos atrás, estaba en San Miguel del Monte—. Como previa, pasamos con mi hermano y mi padre por el bodegón Los Bohemios y nos alimentamos a fuerza de una buena milanesa napolitana con fritas (inexplicable que el corrector desconozca la palabra milanesa; así estamos).
Para tratar de llenar un poco este texto en el que no hay mucho que decir, podemos ir un poco para atrás. El historial con Patronato es corto. Con el de ayer solo nos enfrentamos cinco veces: cuatro empates y una derrota. Podemos decir que nos tienen de hijos. Patronato. Como dato de color, puedo agregar que estuve en Paraná en aquella derrota por 3-2, con gol de ellos en los últimos minutos, después de que hubiéramos dado vuelta el partido. Y que apenas terminado el encuentro, arrancamos para Buenos Aires con la angustia que deja un gol de esas características, el silencio en el interior de un coche sin estéreo y unas seis prometedoras horas por delante.
Lo visto ayer en cancha, sacando la alegría de volver a ver fútbol presencial después de tanto tiempo, no aporta a aquello que llaman ilusión. Creo que no miento si digo que ninguno de los dos arqueros atajó alguna pelota con destino franco de gol, más allá de descolgar algún centro de esos que Schelotto había prohibido. No exagero. Puede que se me pierda alguno, no demasiado certero, en el mar de maltrato al balón y buen gusto que fue el partido y que hizo que algunos espectadores se perdieran en sus pensamientos (y por algunos me refiero a quien escriben) u observando la luna llena en Buenos Aires con la esperanza de que se viera roja por los pronósticos. Todo tiro que se acercó al objetivo imposible conocido como gol no acertó a los 7,32 metros por 2,44 en el que se hubiera convertido al menos en una atajada vistosa, un grito ahogado, un gol anulado con insultos al juez de línea, algo que alimente el resumen. Diría que vean la primera jugada que agregaron en el resumen estos muchachos —que tienen una visión un poco más positiva que la vertida en este texto— para que vean que no exagero. Un disparo desde afuera con destino popular visitante que no pasa a menos de diez (¡10!) metros por encima del travesaño. Dejo el testimonio por acá para los que se animen.
Hay una canción de Jarabe de Palo (¡Qué bandón!) que dice: “En lo puro no hay futuro, la pureza está en la mezcla”. Con este resultado, lo único que podemos decir es que Atlanta ya cosechó los tres posibles. No es bueno, tampoco malo. Solo es.
La próxima fecha será con Almagro, que viene último, en su cancha. Pero ya sabemos cómo gustamos de cambiar este tipo de historias para darle sabor al mundo. Recuerdo un año en que ItuZion (conocido como Ituzaingó) subió a la B Metro y en todo el año ganó solo tres partidos; dos de ellos, claro, a Atlanta. Próxima fecha a definir por el paro de la AFA, que mientras se ocupa de recuperar gente por el mundo. Finalissima, por ahora, suspendida por guerra. De la reforma laboral y el show de El Impresentable en la apertura de sesiones en el Congreso es mejor ni pensar. No nos queda otra que, nuevamente, refugiarnos en el arte. Así que me vi la última de Quentin Dupieux (El accidente del piano), director que recomiendo mucho y, sobre todo, si no vieron nada, la gema Rubber. Y el disco de estos españoles que no tenía pero que cuentan con el valor, al menos, de ser humanos tocando instrumentos: Haz ruido mientras puedas, de Drugos (recomiendo mucho el tema que le da nombre al disco). Por último, acá los pueden ver haciendoHong Kong, el temazo de C. Tangana con Andrelo: “Historias que jamás pueden contarse, batallas que no pueden repetirse. Victorias para el que supo quedarse. ¿Pa’ qué cojones sirve arrepentirse?. Así que, a pesar de lo visto en cancha, acá nos quedaremos.
PD: Dejo la versión original también de Hong Kong (“lo que no hay en Honk Kong es que no existe”)