Atlanta 1 – Chicago 2
Se hace difícil escribir cuando no hay sustento, algo a lo que aferrarse. Hay una frase que se le atribuye a Picasso (¿Ustedes sabían que el nombre completo de Pablito es Pablo Diego José Francisco de Paula Juan Nepomuceno Crispín Crispiniano de la Santísima Trinidad Ruiz Picasso? Un verano a pura Carrera de Mente, versión cartas —ideal para viajar—, deja este tipo de conocimiento que se esfuma como la ilusión del inicio de estos envíos), pero volviendo a la frase que le atribuyen, supuestamente alguna vez dijo que la inspiración existe pero te tiene que encontrar trabajando. Por lo que me pongo en marcha en esto de juntar palabras para encontrar algún sentido. Supongo que, en gran parte, para eso nació la escritura, el arte.
Puedo ponerme una pequeña medalla que preferiría no tener, y es que en el segundo de estos envíos, tras la derrota con Colegiales, arranqué el texto con una premonición: El equipo no parece tener ansias de literatura (acá las pruebas). Es cierto que existe la literatura de la derrota. Y es la que más nos gusta a algunos. Pero no cuando se trata de fútbol.
Mientras escribo esto, en una pestaña tengo abierto X (¡con una sola X, eh!, Eso que antes conocíamos como Twitter) porque ayer, tras la derrota, cuarta al hilo, contando la sufrida frente a Instituto por Copa Argentina la semana pasada —el sueño de la Libertadores duró poco esta vez—, Cristian Pellerano, nuestro DT, suspendió la conferencia de prensa, señal inequívoca de que su futuro pende de un hilo.
Poco va a importar que ayer no se jugó mal pero no ligamos, y la suerte, sobre todo cuando las cosas no vienen bien, es clave. Y, para ser realista, siempre es importante contar con un poco pero, parafraseando a Nepomuceno (el único nombre de todos esos que me quedó), te tiene que encontrar jugando. Enel comienzo de Match Point, película de Woody Allen, dicen: La gente teme reconocer que gran parte de la vida depende de la suerte. De miedo pensar que hay tanto que está fuera de su control. Y la realidad es que la suerte no estuvo de nuestro lado. Tuvimos varias posibilidades de gol (algo que ya es un avance luego de lo -poco- visto ante Ferro), de esas que cuando todo viene saliendo entran pero que ayer estaban destinadas a hacer brillar al arquero rival (algo en lo que solemos destacarnos).
Una de las más claras estuvo en los pies de LaPelotaSiempreAlDiez Bernardi que tuvo un buen, aunque intermitente, regreso y luego de dejar a dos en el camino (¿eso se podía?), la quiso picar pero se fue besando el palo. Encima, el primer gol de ellos viene de un tiro de afuera que desvía uno de nuestros centrales (no lo voy a volver a ver para saber quién fue total se lo anotaron a Méndez, el 5 de Chicago, aunque el comentarista del partido insista en que la desvió Cocimano, el delantero rival) desacomodando a Rago. En la última del primer tiempo, no nos dieron un penal que el único que no lo vio fue el árbito (y los sátrapas que lo acompañan que, en estos tiempos, suelen dejar todo para que lo defina el VAR pero acá no hay. Acá tenemos dignidad). Ni bien arrancado el segundo tiempo el tal Cocimano encontró un cabezazo solitario en el área chica y puso el 2-0 que pudimos descontar recién en el último minuto añadido solo para la postal.
En nivel de odio al rival, Chicago es un equipo al que no quiero mucho, por no decir casi nada. Tienen a su favor ser clásico de los Sin Colores pero en contra ser amigos de Quilmes. Le podría poner un 7. A pesar de todo esto, me gustó el video de Joaco Santos visitando a su hinchada.
Ya terminando el texto, entré por última vez a las redes y todavía no hay noticias del futuro del DT. Si me preguntan a mí, por mi sagacidad vertida en estos textos, yo lo aguantaría un poco más. Ocho partidos me parece poco y ningún equipo nos pasó por arriba. Es cierto que si vamos a los números fríos en este momento estamos a tres (TRES) puntos del descenso, lo que haría que de continuar así esto podría pasar a llamarse Diario de un Bohemio en busca de no descender. Encima, en dos fechas, previa visita a San Martín de San Juan (que vienen como nosotros, con los mimos puntos), se nos viene el clásico contra los que tenían la cancha al lado pero se tuvieron que ir del barrio (que tampoco están con un muy buen presente. Algo es algo).
Ahora sí cierro con un tangazo de Sabina que se me vino todo el tiempo mientras escribía esto de la suerte: “Suena un tango que aflora, entre las equis, los unos y los doses traicioneros, del equipo local que con más clase sin embargo ha perdido. Demoliendo tanta terca ilusión. Dinamitando tantas torres de naipes, tantos sueños, del quinielista pobre que tendrá que volver a la fabrica de nuevo el lunes a las ocho, como cada semana renunciando, de momento, a la entrada del piso y a la boda. Por culpa de un balón y de un portero, de un penalti cabrón y de un defensa. Por culpa de un maldito delantero«. (“Tango del Quinielista”)