Diario de un Bohemio en busca del ascenso – Fecha 10

Atlanta 1 – Chacarita 0

Es cierto que no hay arte sin emoción.” (“Guitarra y vos”)

Desde el inicio de estos envíos vengo hablando de rachas, efemérides e Ignacio Rodríguez (uno de los protagonistas del equipo y de estos textos) y, esta vez, todo eso se unió, sorpresivamente, a nuestro favor, ya que con la victoria de ayer cortamos una sequía de cuarenta y dos (CUARENTA Y DOS) años sin ganarle a Chacarita en nuestra cancha. Para los que no sepan, quien escribe tiene cuarenta y cuatro (CUARENTA Y CUATRO). Creo que es la primera vez que lo escribo y no lo puedo creer. El paso del tiempo es inexplicable.

Un enjambre de moléculas, puestas de acuerdo de forma provisional. Un animal prodigioso con la delirante obsesión de querer perdurar. No dejaremos huella, sólo polvo de estrellas.” (“Polvo de estrellas”).

De lo anterior, se puede deducir, en un fútbol que nos acostumbramos a no tener visitantes (el año que viene se cumplen veinte años de esta situación en el ascenso), nunca en mi vida había visto una victoria contra Chacarita en cancha. Y es hermoso.

Es cierto que durante mucho tiempo estuvimos en categorías separadas y que conseguimos algunas victorias allá, a donde fueron a parar. Acá podemos hacer un poco de historia para los jovencitos o para los que no gustan tanto del fútbol y que cada tanto preguntan por qué Atlanta y Chacarita son clásicos. Quizás, sobre todos los más jóvenes, carentes de curiosidad —no hay humanidad sin curiosidad—, nunca miraron un mapa de la ciudad ni tuvieron una Guía T en sus manos (puede que por vivir en esta nueva normalidad aséptica) donde podrían haber notado que Villa Crespo y Chacarita son barrios aledaños. Incluso, hasta hace unos años, antes de la remodelación que llevó el tren a las alturas, la estación del San Martín que linda con el estadio se llamaba Chacarita. Pero, en definitiva, la historia cuenta que la cancha de ambos clubes estaba sobre la calle Humboldt hasta que nos hicimos de los terrenos en 1941 y se lo cedimos hasta el 43; sin embargo, “tras un amparo de un decreto sobre alquileres”, Chacarita se quedó un año más, hasta ser desalojado, palabra que suena espectacular para picantear un clásico. Yo sé, dirás: «Muy duro es aguantar». Mas, quien aguanta es el que existe. («Se vos«, de Almafuerte. Mecho una de Almafuerte en el medio porque me hice de una copia de Toro y Pampa y tuve esta frase —y esta canción— dándome vueltas toda la semana). Cabe destacar que en aquella despedida del barrio le hicimos un 7-2. La historia es linda y hay que aprender de ella.

Sabía que iba a pasar pero no sabía cuándo.” (“Toco Madera”)

La actualidad de los dos equipos no era auspiciosa de cara al partido. Atlanta llegaba con dos puntos más y ambos venían de ganar en la última fecha, aunque más cerca del fondo de la tabla que de la punta. Sin embargo, desde el principio el Bohemio se hizo cargo de lo que obliga la localía y, mientras el visitante buscaba que el tiempo pasara (como si pudiera evitarse, ¡CUARENTA Y CUATRO!), tomó el protagonismo y fue el que propuso. Sin embargo, después del gol, todo esto de la historia —o, quizás, el presente que hasta hace dos fechas nos tenía en zona de descenso o simplemente una orden técnica (uno, que siempre miró el fútbol desde las tribunas, no puede saberlo con certeza)- hizo que el equipo se fuera para atrás y le diera la pelota a un Chacarita bastante flojo, que tuvo algunas chances de empatarlo, incluso cuando ya se habían quedado con uno menos por doble amarilla. Superioridad numérica que Atlanta no pudo aprovechar de contra. Buen partido de Martín García y de Nacho Rodríguez que empujó un centro atrás, no del todo certero, de Federico Álvarez (otro de los puntos altos) para el único gol del encuentro. La lluvia en la noche de Villa Crespo le puso el marco perfecto para desatar el júbilo ante el pitazo final del árbitro, que había agregado seis minutos pero que, contradiciendo toda lógica y matemática, se hicieron eternos.

En cuanto al nivel de odio al rival, está claro que es de los más altos por todo lo antedicho, si bien al equipo que menos quiero es a los Sin Colores (cabe destacar que estos se hacen llamar tricolores y sólo tiene uno; pero bueno, la ciencia parece no importar a la hora de definir apodos) así que le pondría 9/10.

El sábado, antes del Clásico que importaba de verdad de los jugados en estos días, fui a ver a Drexler al estadio que está al lado del Gran León Kolbowski, pero mi cerebro —como habrán notado por las frases que fui intercalando, todas de temas que tocó ese día— solo pensaba en el partido que estaba convencido —es más fácil escribirlo con el diario del martes— de que íbamos a ganar.

Con esta victoria volvimos a meternos en puestos de reducido, por lo que el título de estos envíos vuelve a cobrar sentido. La próxima seguimos en nuestro recorrido por la historia argentina y vamos por Güemes.

Es más mío lo que sueño que lo que toco.” (“Movimiento”)

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