Diario de un Bohemio en busca del ascenso – Fecha 9

San Martín de San Juan 1 – Atlanta 2

Después de mucho tiempo (cuatro derrotas al hilo: tres por el torneo y una por Copa Argentina), nos hemos hecho de los tres puntos. Y fue en un momento clave: previo al clásico y cuando habíamos alcanzado la línea de los de más abajo ya que la victoria de Maipú ante Colegiales nos había dejado a los cuatro (ellos dos, San Martín de San Juan y nosotros, todos con siete puntos) en la pelea por no descender. Es cierto que esto recién comienza y el torneo es largo pero siempre es mejor mantenerse lejos de esa zona, de este lado de Poniente y no caer en las tierras salvajes de la Primera B Metropolitana (en las que lidera Arsenal, por si algún despistado no sabía por dónde andaba el equipo del ex mandamás que alguna vez supo hacerse de una Copa Sudamericana y un Clausura, entre otros títulos. El tiempo y la no ayuda de la mano invisible del mercado pueden ser muy crueles).

Sin embargo, como se podría esperar, las cosas no fueron fáciles. Pero, ¿qué sentido tendría? Los intrépidos que ya se enteraron del resultados por el subtítulo de estos envíos que funciona de, como se dice ahora, spoiler, carecerán de la tensión, la incertidumbre y el sufrimiento de los que lo padecemos en vivo. Y esos que no gustan del fútbol —gente sin alma si las hay— se preguntarán por qué nos hacemos esto, encima un lunes a la noche, con todo lo que eso conlleva. No voy a mentir, nosotros, los hinchas, también, a veces, nos lo preguntamos. Pero si no nos arriesgáramos a la angustia de una posible nueva derrota (o varias al hilo), ¿qué sería lo mejor que nos podría haber pasado ayer a la noche? ¿Algunos de esos reels que vieron durante lo que duró el cotejo o el capítulo de la serie pasatista que están siguiendo -quizás mientras miran reels también- les dio la alegría que a mí esta victoria agónica? No tengo ninguna duda de que no. Por eso, a pesar de la seguidilla de derrotas, de los años de ilusiones rotas, los hinchas seguimos eligiendo esto a la apatía con la que viven los que nunca se emocionaron con un gol.

Atlanta había arrancado mejor. Incluso en el primer minuto, tras un gran pase de Rodríguez Puch a Quintana, el nueve cayó en el área y pareció, a primera vista al menos, penal, pero la transmisión no aclaró demasiado y el árbitro decidió que el partido arranque tranquilo. Tranquilidad que duró poco ya que unos encapuchados (no, no era en Córdoba esto) se treparon al alambrado para mostrar su descontento de la manera más pavota posible lo que hizo que el partido estuviera detenido un buen rato. La gesticulación de los encapuchados no dejó del todo claro su búsqueda, aunque cabe suponer que el presente del equipo no los tiene muy conformes. Sé que estoy abusando de las aclaraciones pero por si la maraña de equipos hace que uno no se acuerde quién está o estuvo en primera, es buen momento para recordar que los sanjuaninos descendieron el año pasado a la B Nacional en un partidazo con Aldosivi. Sí, Aldosivi juega en Primera. #LCDTMAllBoys. Este arranque de presunta dignidad y pertenencia de los encapuchados no fue acompañado por un cántico furioso de sus congéneres ataviados de verde y negro (tampoco había tantos pero engañan con una luz verde en la tribuna que oculta lo que no hay) que, imagino, por un lado no debían entender del todo qué querían lograr y, por otro, habiendo el partido arrancado pasadas las 21:30 estarían con ganas de que no se retrasara innecesariamente un lunes de trasnoche.

Dicho comportamiento, me trajo a la memoria un viaje que hicimos en familia a Puerto Madryn para presenciar un Brown de Madryn – Atlanta allá por 2012 que, después de viajar en micro unas veinte horitas y unos días de estadía, casi se suspende por una situación similar debido a que las facciones de la hinchada de Brown de Madryn estaban peleadas. Lo escribo y ni yo lo creo aunque lo viví. La perspectiva, con el paso del tiempo, hace que todo se vuelva confuso. Por suerte, dirá alguno, se jugó pero nos comimos tres. Ese fantasma se me vino minutos más tarde, cuando tras un córner en el que Rago dudó y Moreira no marcó bien, San Martín se puso 1-0.

Sin embargo, en el entretiempo Pellerano metió dos cambios que modificaron por completo el funcionamiento del equipo y el segundo tiempo fue todo nuestro, con algún que otro sobresalto, claro, pero Rago estuvo firme. Cuando todo parecía encaminarse a una nueva derrota —un gol increíble que se pierde el antes ignoto Ignacio Rodríguez hacía prever que la pelota no iba a entrar y que iba a tener que escribir otra vez sobre la suerte—, Moreira cabeceó un buen centro de Rodríguez Puch a los 29 del segundo tiempo para poner el empate. Y, ya en tiempo de adición, Federico Álvarez, que había hecho un buen partido contra Instituto, metió un derechazo de afuera del área al ángulo para el 2-1 final. Tenía que ser así, con un tiro casi imposible, para romper la racha. Esperemos que dure.

En nivel de odio al rival es casi nulo. Incluso tengo un buzo de cuando mi amigo Patricio Pisano, que alguna vez fue técnico de los muchachos que se tuvieron que ir del barrio (y con los que jugaremos en la próxima fecha) estuvo en el cuerpo técnico y que suelo usar de entrecasa. Como cierre, dejo un pequeño dato sobre la búsqueda de estos encapuchados: Ariel Martos, técnico de San Martín dejó su cargo luego del partido y es el duodécimo, si no se me pasó alguno, de la categoría en perder su puesto en solo nueve fechas. Suena a poco con el desempleo que hay en el país (a pesar de que dicen que los índices son un lujo) pero es un montón.

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