Diario de un Bohemio en busca del ascenso – Fecha 19

Quilmes 2 – Atlanta 1

En una falta de amor inexplicable al deporte que organizan, la AFA (¿habrá alguien en estos días en las oficinas de Viamonte o están todos en Estados Unidos festejando la independencia, a pesar de que lo podrían haber hecho en El Planetario?) programó el Quilmes-Atlanta del inicio de la segunda rueda a la misma hora que Paraguay-Francia. Acá, los termos de cada día, me tirarán con frases chauvinistas para demostrar ser más hinchas que el resto. Pero, para los que gustamos del fútbol, había varios motivos que hacían atractivo el choque entre los guaraníes y los subcampeones del mundo. Aunque puedo imaginar a alguno de los jugadores que tenían que disputar aquel partido, en el fondo menor, con ganas de verlo; a las tablets del cuerpo técnico en los bancos de suplentes, intentando conectarse a LPF Play para no perderse este Quilmes-Atlanta. Si les funcionaba, claro.

Para prepararme al cambio que suponía pasar del nivel futbolístico que estamos presenciando en este mundial (mucho mejor de lo que esperábamos, hay que admitirlo), en el tiempo muerto que nos dejaron entre Canadá-Marruecos y el regreso del Bohemio, ese vacío existencial que se va haciendo cada vez más presente a medida que se acerca el final del evento más importante de la humanidad (quedan solo doce partidos del Mundial), me deleité con un Defensores de Belgrano-Morón. Tengo que dejar por acá una imagen de lo que es ese campo de juego en el que el pasto parece estar sobreviviendo con pena, sin ganas; ese fondo con una especie de palco que improvisó Defensores que parece un edificio de muestra, casi una casa de juguete; la encarnación de la tristeza hecha estadio. El golpe fue devastador. Afuera llovía, hacía un frío inconmensurable y venían tres amigos del Pibito a dormir. El futuro era desolador.

Y hablar del primer tiempo de Atlanta se asemeja bastante a ese sentimiento. No hubo conexión. Nada para ilusionarse. Por su parte, a Quilmes se lo veía un poco mejor (sin sobrarle nada). Sin embargo, en el segundo tiempo, sin merecerlo, en una combinación que recordó al gol que nos dio la victoria en el inicio del torneo, Nacho Rodríguez habilitó a Quintana quien puso, con suspenso, tras una débil respuesta del arquero local, el 1-0. En ese momento, miré el monitor de la notebook que me había puesto como segunda pantalla para seguir lo que pasaba en el partido mundialista que continuaba 0-0, y casi al mismo tiempo del grito de gol Bohemio, el VAR intervino para darle un penal a Francia tras una gran apilada de Doué. Puede que algún vecino, debido a los atrasos en las diferentes plataformas donde se puede ver los partidos, un drama que se viene repitiendo en los últimos años, crea que festejé el gol Francés y quizás me odie. Un poco más, ya que soy de los elegidos que ven la Selección con la antena de TDA, por lo que estoy un paso adelante de varios y, en el mundial pasado me gané algunos insultos vecinales.

Si bien la literatura suele tomarse algunas licencias, exagerar algunos datos, para hacer más interesantes los relatos, en este caso, la de los goles casi al mismo tiempo, no fue así. Adjunto dos imágenes para demostrar que todo esto es completamente real.

19:32. Debería jugarlo. Y, una vez que Mbappé, cambió penal por gol, supe que todo iba a salir mal. ¿Cuál es la conexión entre esa ejecución y Quilmes-Atlanta? Algunos, escépticos, dirán que es nula. Pero desde mi sillón todo parecía estar conectado. Y si esa era mi perspectiva, ¿quién me puede demostrar lo contrario? ¿Y si, encima, la realidad, a través del silogismo hipotético (en esta casa obedecemos las leyes de la termodinámica), me dio la razón, quién se atreverá a negármelo? Es cierto que así nacieron religiones y algunas doctrinas aún más discutibles, como la vuelta de los terraplanistas, pero bueno, la realidad es que seis minutos después Quilmes encontró el empate con un testazo inatajable luego de un tiro de esquina. Y, envalentonados con el empate, se fue con todo en busca de la victoria que encontró en la última. #LCDTMAllBoys. Una vez finalizado el partido en el sur, busqué la salvación en un gol agónico de Paraguay pero me encontré con Mbappé sonriendo y sin aceptarle el saludo al arquero rival, esas actitudes que lo alejan del cariño popular (además de ser el enemigo perfecto desde 2018). Y me hundí, ya sin reparo, en la depresión de un sábado perdido.

Por suerte, los pibitos la pasaron bien y sobrevivieron sin demasiadas magulladuras, y los adultos a cargo, aunque entrecortado, logramos dormir algo. Al otro día, el empate agónico de Midland contra Gimnasia de Jujuy mitigó la derrota de los nuestros y nos dejó solo a cuatro puntos del líder, a pesar de perder los últimos dos. Pan con pan.

Para ir cerrando, mañana vamos contra Egipto, luego de la victoria complicada, sufrida, ante Cabo Verde, una de las sorpresas del Mundial. Pero seguimos en pie y con la ilusión intacta. Para cuando vuelva a escribir, el próximo partido del Bohemio será el lunes a la noche contra Colegiales, ya habrán pasado los octavos y los cuartos. Esperemos que todo salga bien Vamos que estás para eso, viejo.

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