San Martín de Tucumán 0 – Atlanta 1
En su libro La muy catastrófica visita al zoo, Joël Dicker dice: “¿Cabe deducir que de verdad hay un desgaste lector? ¿O lo que pasa es, sencillamente, que las redes sociales y sus algoritmos diabólicos nos tienen tan sorbido el seso que se nos ha olvidado que actúan sobre la mente como las máquinas tragamonedas, chupándonos no ya el dinero sino la energía, el tiempo y la atención? Esas pantallas omnipresentes nos han llevado a dejar de mirar a nuestro alrededor, de confraternizar, de informarnos, para ir estrechando más y más el círculo de relaciones interpersonales hasta convertirlo incluso en unipersonal”. Leo esto unos días antes de que la gente chifle a Fito Páez porque hizo un show diferente —en el marco de la gira de presentación de su disco Novela—, lo que les hizo temer no poder subir una historia cantando alguna de las que sabemos todos. A veces, se hace difícil tener algún tipo de esperanza en la humanidad.
Al otro día del accidentado show de Rodolfo, salió Shine, su nuevo disco (por eso quiso despedir el anterior). En Río Místico (temazo), Fito canta, como si supiera lo que iba a pasar: “Solo hay que arrojarse al vacío y no esperar nada de los demás”. Claro, Rodolfo.
El fin de semana posterior a todo esto veo Marisa y Gomoso, gran comedia argentina que acaban de subir a Cine.ar. En un momento la protagonista habla con su prima de ir a una marcha y le dice “Voy, pero por favor nada de fotos”. Y ella le contesta: “No, Marisa, ¿cómo sin foto? ¿Sin foto para qué estás yendo? Si vas a la marcha y no te sacas la foto, ¿realmente fuiste?”.
¿En qué porcentaje bajaría la concurrencia a este tipo de eventos sino pudiéramos sacar fotos ni subir videos? ¿Estamos viviendo solo para poder mostrarlo? ¿Somos nuestro propio Truman? ¿Cómo se conecta esto con Atlanta? No mucho. Salvo que la primera media hora del partido entre San Martín y Atlanta la tuve que ver en el celular mientras volvía de Mercedes. Un amigo tiene una teoría: el problema no es la droga, sino los manijas. Parafraseándolo, el problema no es la tecnología, sino los manijas. Hay una gran frase de Iorio (otra vez Ricardo por acá y también aparece sutilmente en Marisa y Gomoso) que dice: “Acá, giles, -y muestra un teléfono- está la biblioteca de Alejandría multiplicada por trecientos mil a velocidad lumínica. Pero, ¿sabés para que lo usan ustedes? Ustedes lo usan para mandar una carita feliz”.
Volviendo al fútbol, que es para lo que estamos acá —aunque esto es un brazo de Textos Dispersos y por eso me permito estos divagues—, luego de la victoria ante Rafaela que nos había dejado momentáneamente en la punta, llegábamos a Tucumán, una cancha difícil que nos es esquiva, terceros y ellos con la posibilidad de igualarnos. Si bien el historial es corto y a nuestro favor, en su estadio solo habíamos ganado una vez en 1971 y desde 1995 que no hacíamos un gol allá. Incluso, el año pasado nos pegaron un peludo bárbaro. Pero volvimos a demostrar que las estadísticas son solo números.
Hubo un solo cambio con respecto al cotejo pasado: Fedele por #LaPelotaSiempreAlDiez Bernardi. En el primer tiempo (o, al menos, en lo que pude ver mientras viajaba y el tránsito insistía en estirar mi tiempo en pantalla), San Martín jugó un poco mejor pero sin claridad de tres cuartos de cancha en adelante. En la segunda parte, Atlanta arrancó mejor y necesitó solo de trece minutos, una jugada clara y un gol para poner el resultado final: Previtali, de gran partido, dejó a varios en el camino, la abrió por izquierda a Fedele, este metió un centro atrás para la entrada de Rodríguez Puch que solo la tuvo que empujar. Golazo. Después, San Martín se fue al ataque y tuvo una para empatarlo pero terminó en un barullo que atajó Rago (la transmisión ni atinó a repetirla y no encontré un resumen digno, así que es todo primera, lejana, impresión y recuerdo esto), el nueve del local se llevó la segunda amarilla, y nosotros respiramos aliviados.
Con este resultado quedamos como el único escolta de Gimnasia de Jujuy que, dato de color, dirige el otro Pellerano (de ahora en más será conocido como el Pellerano malo). La próxima vamos con Gimnasia y Tiro de Salta en Villa Crespo (y la siguiente contra los punteros). Y, en el medio, la vida. «La vida, por instantes, también puede ser maravillosa» («Esperanzas y Tormentas«, de Fito Páez. Novela)