Atlanta 1 – Agropecuario 0
No vi demasiado del partido, no puedo faltar a la verdad. Es un tipo de juramento hipocrático que deberíamos tener los comunicadores. Refuerzo la idea del deberíamos ya que sé que es una utopía. Es cierto que, si tenemos en cuenta que el tiempo neto de juego en el Nacional es de entre 43 y 47 minutos (en Primera se estira hasta los jugosos 49) y que, de esos, los relevantes no deben superar los cinco, con ver un resumen creo estar en condiciones de escribir este envío. A favor o en contra.
Sin embargo, tengo una gran excusa (quizás la mejor) para no haberlo visto del todo y es que este fin de semana anduve de Turista en Buenos Aires, así que enganché el inicio del cotejo en una parrilla de la calle Suipacha, última parada de nuestra especie de viaje.
Turistas en Buenos Aires fue una idea que tuvimos con el Cuarteto Cultural hace muchos años de estar unos días en la ciudad en la que vivimos, pero como si fuéramos turistas (el nombre era bastante claro, lo avisé en el envío anterior). Así que reservamos un hostel en el centro, contratamos uno de los micros que recorren la ciudad, subimos al Obelisco y también fuimos a algunos bares tangueros, a otros notables, o de comida tradicional. Buenos Aires es espectacular. Supongo que en algún momento escribiré con más detalle sobre lo que fue esta experiencia pero acá estamos para hablar de fútbol. O algo así.
En la parrilla a la que fuimos a almorzar el domingo, posiblemente a causa de la gran afluencia de extranjeros, en la pantalla a la que tenía acceso desde mi ubicación estaban pasando un partido (o varios, no terminé de entender) de fútbol americano. Encima, el esperado choque entre Atlanta y Agropecuario solo podía verse por la aplicación de LPF Play, con lo que no podía contar, como en otras épocas, con un mozo que cambiara la programación pro Trump para poner al Bohemio. Internet te da y te quita.
Así que, mientras degustábamos un bife de chorizo realmente muy bueno (la parrilla se llama Cero Cinco por si a alguno le interesa), sintonicé (¿qué edad tenés, hermano?) el partido en mi teléfono para engalanar la mesa pero sin lograr prestarle demasiada atención. Tan así fue que, mientras nos desconcentrábamos con una repetición de algo que había pasado en el imperdible enfrentamiento de la NFL, se escuchó por lo bajo el grito del único gol del cotejo. El director de cámaras de la transmisión de Atlanta parece que también se desconcentró (¿sería importante el encuentro de la NFL que estaban pasando?) porque, a pesar de que el gol fue de Federico Álvarez, decidió mostrar como autor del mismo a Ignacio Rodríguez, confundiéndome aún más de lo que podía estar por verlo en un celular.
Si esto era incómodo, el segundo tiempo lo vi sentado en el fondo del 106, ex 99, mientras volvía a casa. En los eternos 75 minutos que restaban después del gol, Atlanta solo tuvo dos ocasiones, ambas en el segundo tiempo y de pelota parada. Un tiro de esquina que Ostachuk cabeceó y Milton Ramos despejó en la línea, y otro testazo, esta vez de Moreira, que se fue cerca del palo derecho. Poco del local. Agropecuario tuvo varias pero entre malas definiciones (hay una contra de Gagliardi en la que no se animó a pegarle con la que todavía debe estar soñando el muchacho) y una nueva gran actuación de Rago, el Sojero se fue con las manos vacías.
Buena victoria, ante un rival necesitado de sumar, para seguir a tiro. Tristán volvió a ganar en la difícil cancha de Midland, así que no pudimos descontarle a ellos, pero sí a Gimnasia de Jujuy, que empató con los tucumanos (a los que durmieron escandalosamente como pueden ver acá) y a Temperley que perdió en su visita a Maipú. Abajo la cosa también está picante, con algunos arbitrajes polémicos (el gol que le anulan a los Sin Colores no tiene nombre) y con los exvecinos que volvieron a la normalidad. Encima ganaron Patronato y Chicago. También tengo la necesidad de compartirles esta piña entre los cuerpos técnicos de Morón y Los Andes. Yo quiero ascender, pero el ascenso es lo más grande que hay.
La semana que viene tenemos una parada difícil con Rafaela en Santa Fe. Ahí nos veremos, ojalá no por celular que, después de ver como modificó las dinámicas de sociabilidad y amabilidad en el mundo hostel, da para preocuparse. Les dejo un buen tema de La Chancha Muda al respecto. «Mirarte a los ojos se ha vuelto fundamental. Todo lo que veo son móviles encendidos. Van dejando de funcionar nuestros sentidos» («Inquieto«)